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domingo, 16 de febrero de 2014

CAPÍTULO 10: Ella.

-Niña.-alguien me zarandeó.-niña, despiértate.
Solté un gemido quejicoso, y abrí los ojos lentamente.
-¿Quién... quién eres?-parpadeé confusa.
-Me llamo Macy. Soy una de las muchas criaturas en lista de espera para su destrucción.-esbozó una sonrisa torcida. Era una anciana de aspecto frágil, de mirada fogosa pero angelical. Parecía resignada.
-¿Criaturas?-me levanté, y me sacudí el polvo del regazo.-Perdone la indiscreción señora, pero ¿qué quiere decir?
Macy abrió los ojos como si hubiera visto un fantasma. Parecía muy sorprendida, como si hubiera dicho algo inadecuado- Me dió un escalofrío, algo me decía que no estaba bien. Macy hizo un gesto de compresión, tras mirarme a los ojos fijamente. Los tenía de un tanto siniestro color grisáceo.
-Ah, ya entiendo niña. Ya entiendo muchas cosas. Eres la chica que andaba buscando ese inconsciente que creyó poder saltarse la seguridad de los Aioh.-Esbozó una sonrisilla traviesa.
-¿Quienes son los Aioh?-murmuré. No entendía nada.
Sonrió.
-Gente que es... preferible evitar.
Aquello hizo saltar todas mis alarmas, una a una. No conocía a nadie tan loco como para ir a buscarme. Más bien, casi no conocía a nadie. Y menos para ir en una misión suicida.
Macy siguió parlotenado.
-Si no supiera quién eres, Catherine, diría que aquel chico estaba loco por ti. Sí, chica, muy loco por ti.
-¿Cómo sabe mi nombre?-susurré. Después, me paré a pensar. Ya sabía quien era el loco. -Macy.
-Dime, niña.
-Tiene que ayudarme a salir de aquí.
Un destello de felicidad recorrió sus ojos lobunos.
-Estaba deseando que me lo pidieras.

                                                              *               *                *
Ya fuera de aquella celda para ratones, Macy la anciana-no-tan-frágil y yo corríamos por los oscuros pasillos de un castillo en la linde de un río en Dios sabe dónde, o eso me había contado ella. Había hecho alarde de una extraña fuerza sobrenatural bastante impropia para su edad, a lo que ella gritó, jocosa: "me siento joven" seguido de un aullido de alegría. Los guardas no fueron un problema ara ella, lo que me llevó a preguntarme qué era lo que la mantenía allí, si para ella era tan fácil escapar. Que peculiar era, pero extrañamente me caía bien. Sonreí mientras me daba cuenta de lo absurdo de la situación, hasta que de repente, algo me alcanzó por la espalda y caí de bruces. No podía respirar. Macy se giró, y vió a la chica que me llevó hasta allí. La cruel muchacha de ojos verdes. Macy saltó, dispuesta a atacarla, a protegerme. A la chica no le costó nada deshacerse de Macy. Como si jamás hubiera existido.
El cadáver de Macy cayó pesadamentea sus pies.
-¡¡Macy!! ¡No!
Tenía que huir. Como un rayó, eché a correr, no podía dejar que Macy hubiera muerto por mí en vano. Debía salir de allí, y encontrar al loco que se había arriesgado por mí. La chica no perdió el tiempo, y me alcanzó en pocos segundos. Cayó sobre mi espalda duramente. Me giró para verme de frente. Acercó su cara a la mía, notaba su respiració tranquila y pausada mientras mantenía los ojos cerrados. Los abrí lentamente, paralizada de terror. Su mirada, que ahora más de cerca comprobé que realmente eran azules, se cruzó en un momento dado con la mía. Su pupila se dilató, su mirada se tornó en una aterrorizada visión. Se apartó de ella en una mueca horrorizada.
-Tú... no puede ser...

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