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martes, 16 de abril de 2013

CAPÍTULO 8: sin vuelta atrás.

Me desperté contenta. No, muy, muy contenta. Y aquel sueño tenía la culpa.
Me dí cuenta de que había cambiado algo. Y por desgracia, sabía qué y cómo.
Nunca había notado aquello desde que lo conocía. Y por fortuna o por desgracia, me había dado cuenta de que hay cosas que ya no se pueden cambiar ni para bien ni para mal.
Ya no había remedio.
Aquel sueño lo había cambiado todo.
Y eso por otra parte era extraño, ya que no parecía importarme que Ángel, un extraño casi, pululara por mi mente como si fuera su casa.
¿Quizá entro en mi sueño así? Por mi mente.
Me detuve a pensarlo.
Era probable, y mucho. ¡Decidí no comerme la cabeza y mejor, comerme el mundo. Estaba feliz. Sus ojos verdes me llenaban de alegría. Lo cual era aun mas raro, ya que apenas un día lo odiaba.
Me di cuenta de que eso era engañarse a sí misma.
Suspiré.
Decidí prepararme, había quedado con él esta tarde. Para el trabajito de aquellos seres de los que nadie sabe nada.
Me dí cuenta de algo.
Ángel sí sabía.
                                                       *           *           *
Llegué justo cuando él llegaba. Sentí algo en el pecho al verle. La verdad es que era el chico más guapo que había conocido jamás. El pelo negro le caía suavemente sobre la frente. Sus ojos verdes hacían un contraste hermoso, y su piel clara le hacía increíble. Pero supongo que debía conformarme con observarlo de lejos.
Me acerqué.
-Qué, ¿entramos?- Le sonreí, alegre.
Ángel me miró, dudoso, por primera vez.
-La verdad es que... yo...-respiró fuertemente.-sueño con ese lago desde que era un niño. Llevo odiándolo desde que tengo uso de razón. Y ayer llegaste tú. Y no sé que significa. Y... y... no puedo aguantarlo más.
Fue un impulso repentino.
Me besó.
-Te quiero, Cath. Y créeme cuando digo que para siempre.

CAPÍTULO 7: De cómo una pesadilla se convierte en un sueño.

Desperté. Un sábado con un día perfecto para volver a pelearme con Ángel. Ahora que había empezado a saber, necesitaba saber más. 
Entonces se me ocurrió algo. 
Él puede contactar conmigo por mi mente. ¿Y si probaba yo?
Hacía dos días me hubiera escandalizado con esa idea. Incluso me hubiera ofrecido voluntaria para el psiquiátrico. Ahora ya me parecía hasta normal.
Suspiré. ¿Cómo se haría eso?
Me incliné a pensar que había que pensar en esa persona y hablarla como si estuviera delante. Probé.
"Eres un estúpido, ¿lo sabías? Más vale que contestes si escuchas esto."
Esperé sentada.
Una voz suave empezó a rebotar en mi cabeza.
"Vamos, no te pongas así." Su voz vino acompañada de una risilla. "Mañana vayamos a la biblioteca. Mientras hacemos el trabajo te contaré todo, ¿vale?"
Apreté los dientes.
"No. Si estoy hablando contigo ahora es porque quiero saberlo ahora."
Un suspiró frío barrió mi mente.
"Eres persuasiva....
>>Hubo una vez, en que el universo entero estaba en paz. Remotos tiempos, es cierto. Convivían, como bien ya sabes, los Yríades y los Lybirienses. Mantenían una buena relación. Hasta que los Yríades se volvieron oscuros.
>>La población de Lyber, en un intento desesperado por salvar algo de su mundo y ser vengados, mandaron a dos pequeñas niñas a la Tierra, el lugar donde mejor se adaptarían. Pero la respuesta del pueblo de Yr no se hizo esperar. Mandaron a tres de los suyos a encontrarlas. 
>>Y así fue. Pero solo encontraron a una en una población perdida del país. 
>>Ella les encandiló y unieron fuerzas en una búsqueda imparable. Pero Yr estaba impaciente. Y al ver que no obtenían resultados observaron que los Enviados se habían pasado al otro bando. Entonces decidieron mandar a un cuarto individuo, mucho más fuerte, a destruir a los tres anteriores y ocuparse de la búsqueda de las niñas. Esa persona los encontró y destruyó a uno de ellos. Entonces los otros contraatacaron y consiguieron unir al Otro más poderoso a sus fuerzas. Yr se vió sin gente para seguir batallando y se han retirado... por ahora.
Reí.
"Después de este bonito cuento... espero que me expliques."
Noté como negaba con la cabeza. Me extrañó su reacción y le mandé un interrogante.
Una media sonrisa sarcástica surcó su rostro.
"Resulta que esto no es un cuento."
                                           *                           *                        *
Aquella noche, volví a soñar con el bosque, el lago, el sol abrasador. Pero había algo distinto. 
Caminé bajo la luz dorada de aquel astro mientras sentía la soledad que se cernía ante mi. Seguí sin rumbo fijo por el bosque.
Llegué al lago, a aquel punto del sueño en el que la oscuridad fría me abrumaba y me sentía sola, sola, sola...
Cuando la oscuridad casi me había absorvido del todo, su mirada luminosa surcó el lago.
Él se sentó a mi lado y me tendió una mano.
Dudosa, extendí la mía y apoyé mi cabeza en su hombro, sabiendo que ya no había marcha atrás.
Al fin, dejé de estar sola en un mundo lleno de sombras del pasado. Sombras que ya nadie logrará disipar.

viernes, 5 de abril de 2013

CAPÍTULO 6: sola.

No podía moverme de la sorpresa. ¡Era él en serio! Él se metía en mi mente y lo que era peor: me hablaba. Yo no sabía qué hacer.
Le veía alejarse bajo la lluvia sin prisa. De algún modo, todas las respuestas se iban con él.
Necesitaba preguntarle sobre mi mente.
Sobre si de verdad me había dicho aquello... o de si tan sólo me estaba volviendo loca.
-¡Ángel! ¡Para, espera! 
Ángel se paró. Corrí bajo la lluvia para alcanzarle.
-Por favor, no te vayas... explícame por qué oigo voces. Por qué oigo tu voz. En mi cabeza.
Ángel se giró para marcharse.
-¡No!- grité sin poder contenerme.- no te vayas...- en un último intento desesperado de retenerle le agarré del brazo y le dí la vuelta.
Su cara se quedó a escasos centímetros de la mía.
Sus ojos se habían vuelto de un misterioso verde esmeralda.
Se acercó a mí y me susurró al oído:
-Aún no estás preparada...
Se separó de mí, se dió la vuelta y se marchó, sin más.
Empecé a percatarme de que la lluvia empapaba mi ropa y la hacía transparente, dejando a la vista mucho más de lo que yo quería dejar ver.
Oí una risa dentro de mi cabeza. 
Maldito estúpido.
                                                *               *               *
Llegué a mi casa totalmente empapada. Mi padre no estaba en casa, lo cual era bastante mejor, ya que en este mismo momento no estaba para interrogatorios sobre "¿qué tal tu primer día de instituto cariño?"
Solo tengo una palabra para definirlo: diferente.
No digo raro, solo diferente.
Me di cuenta de que a pesar de todo aquel día me había empezado a gustar. Y que Ángel sabía mucho, mucho más de lo que quería contarme. Mucho más de lo que me iba a contar. Mucho menos de lo que yo quería saber.
Mientras me cambiaba de ropa, vi por la ventana la misteriosa figura de una chica de pelo oscuro, que observaba con mirada calculadora todos mis movimientos.
Cuando me acerqué para verla mejor, sencillamente había desaparecido.
Aún notaba su mirada verde clavada en mí.

jueves, 4 de abril de 2013

CAPITULO 5: espera, ¿QUÉ?

-Maldito estúpido, te odio. ¡No se dónde está la puñetera biblioteca! Espera a que te pille y verás. Me voy a reír y te arrepentirás de haberme dejado tirada y...
-Creo que te caigo bien.-Ángel había aparecido a mi lado como un fantasma.
Reprimí un grito.
-¿¡Pero qué se supone que haces!? ¡No puedes aparecer de nuevo después de haberme dejado colgada! Prefiero hacer el trabajo sola.
Ángel sonrió. Cuando sonreía sinceramente, la verdad es que estaba... bueno, estaba muy guapo.
La verdad es que era guapo. Y mucho.
"Pero ¿qué hago? Le odio. No debería pensar esas cosas."
-No me parecía bien dejarte con todo el trabajo sola. Además, necesito mirar allí algunas cosas también.
Sus ojos habían vuelto a cambiar. Me parecían mucho más verdes.
Decididamente, tenía que volver a revisarme la vista.
Me agarró del brazo y tiró de mí.
-¡Venga!
Reconozco que el bipolarismo no le sentaba nada mal.
Me dirigió una última sonrisa impaciente.
Suspiré.
                                                            *           *            *
La biblioteca era un edificio bonito, con el techo de madera y grabados por las paredes. Me sentí agusto, y decidí hacerla mi segunda casa. Era maravillosamente tranquila.
Que pena de compañía, si él no hubiera estado, aquello sería el paraíso.
-Cuando antes empecemos antes acabamos.- mascullé.
-Tengo oídos, ¿vale?- su tono borde me sorprendió.
No pude reprimirme.
-Pero, ¿a ti que te pasa? No puedes ir haciéndote el agradable y en cuanto consigues lo que quieres ponerte borde. Ya sé que tú no, pero el resto de personas tiene sentimientos y no las puedes utilizar como a ti te de la gana. O estás bien o no estás bien, ¿te queda claro? Porque...
Una mano en mi hombro detuvo mi discurso acelerado.
-Fuera de la biblioteca hasta mañana. Y espero que vengáis a comportaros. Vamos.
Salimos a regañadientes.
Ángel me miró con odio y dijo:
-Mira lo que has hecho. Tendremos que volver mañana.
-Perdona, ¿lo que he hecho yo?
Ángel se fue sin mirar atrás.
"Resulta que nada es lo que parece y no tardarás en darte cuenta."
Su voz en mi cabeza.

CAPITULO 4: qué pensar.

- ¿Ángel?.- no pude evitar un bufido prolongado.- Nadie lo diría por tu aspecto.
Enarcó las cejas en un gesto de incredulidad.
Me sonrojé.
- No me malinterpretes, pero mírate: pelo negrísimo, piel blanquísima, ojos ne...
No tuve más remedio que pararme. Juraría que hace medio minuto sus ojos eran negros, y ahora eran verde oscuro. No sabía si era por la luz o qué, pero no me paré a pensar.
- ¿Tus ojos... no eran negros?
Ángel se retiró realmente aterrorizado, como si yo hubiera visto algo que no debiera.
-... y recordad, en lo que queda de clase tendréis que ir a la biblioteca para hacer el trabajo sobre alguno de los mundos que he mencionado.
Ángel había sido petrificado por arte de magia, después de haberle comentado lo de sus ojos. Mueca de terror incluída. Le zarandeé ligeramente para ver si conseguía hacerle reaccionar.
Me miró. Su mirada estaba vacía.
-Vas a tener que ir tu sola a la biblioteca. Yo tengo cosas que hacer.
Pegué un respingo. Era la primera vez que le oía hablar. Su voz.
Era la voz de mi cabeza.
Ángel se levantó y se fue, sin más.
                                                          *              *             *
Ya me había recuperado de la perplejidad y había pasado al odio. Me había dejado con todo el trabajo encima, el muy estúpido. Sin explicación.
Suspiré por enésima vez en este día y me dije que era mejor que hiciera el trabajo yo sola y pasara de la gente un poco, ya que mi adorado compañero había decidido que era una piedra de ojos vacíos y me dejaba sola.
Me hervía la sangre solo de pensar en el estúpido aquel, no sabía por qué tuve que hacer caso a las voces de mi cabeza. Que encima era él.
Empecé a pensar en ello. Voces. En mi cabeza. Eso no tiene ningún sentido. Y con ningún sentido me refería a ninguno absolutamente.
Me obligué a pensar que devanarme los sesos en aquello no era productivo en ningún sentido.
Resignada me dirigí a la biblioteca.
No me daba cuenta de que aquello, todo, era raro.
Y que iba a cambiar mi vida.

miércoles, 3 de abril de 2013

CAPÍTULO 3: Una historia, un recuerdo.

El profesor carraspeó.
-¡Bienvenidos a una nueva y emocionante etapa de vuestra vida!- volvió a carraspear.- Me llamo Don Seitzfield. Para vosotros profesor Seitzfield.
>>Y para hacer más amena esta primera y divertidísima clase de Astrología, os contaré una historia que mi madre me contó cuando era pequeño.
Un graciosillo al fondo de la clase le abucheó y la clase estalló en carcajadas. Sinceramente no me hacía ninguna gracia, y mi compañero de clase parecía haberse convertido en piedra tras mi cortante respuesta.
El profesor continuó.
-Es una historia de fantasía y otros mundos, pero en esta clase precisamente se dará la posibilidad de existencia de vida en otros lugares y de cómo puede afectar el movimiento planetario a nuestros estados de ánimo. Es decir, vais a salir videntes.
Unas risillas sonaron por la clase.
-Empezaré la historia.
>> Érase una vez, un mundo distinto a este. Y con distinto me refiero a muy distinto. Pero la gente no lo era tanto. Eran los Yr. Eran un pueblo pacífico, y hermoso. Muy hermoso.
Los ojos de Don se iluminaron.
-Un día, sin saber qué circunstancias lo llevaron a ello, declararon la guerra al resto de mundos.
Se convirtieron en los Oscuros. Los Otros, como empezaron a llamarlos.
>>Hace relativamente poco, decidieron destruir el mundo de Lyber después de destruir otros muchos. Otro mundo, donde había gente como nosotros. Humanos.
Lyber estaba decidido a luchar.
Enviaron a la Tierra a dos niñas, porque era el único mundo donde podrían camuflarse.
Los Otros llegaron y destruyeron Lyber. Pero aún tenían una esperanza: ellas.
Algo en mi memoria se activó al oír por segunda vez aquel nombre. Lyber... ¿lybiriense?
Yo había oído eso antes.
A mi padre. A alguien que habló con él. Intenté recordar. Apenas recordé una frase de una voz totalmente desconocida.
"Los lybirienses la buscan. Protégela."
Me pregunté que sería aquello. Además el nombre de Yr me recordaba a esos sueños que tenía desde que nací. No sabía por qué. Siempre soñaba con un bosque. Un lago. Un sol.
Y oscuridad. Mucha oscuridad.
Me aterraban aquellos sueños. Me sentía sola... tan sola....
 Una lágrima involuntaria cayó y resbaló por mi mejilla.
El Chico me miró como si me viera por primera vez. Vió mi lágrima, y me la limpié con rapidez. Le miré con odio. No soportaba que la gente viera debilidades en mí.
Ladeó la cabeza como si luchara contra él mismo.
-Me llamo Ángel.

CAPÍTULO 2: cosas inesperadas.

-Bien chicos, esta vez alguien se quedará solo, ¿vale? Pensad un número del uno al cinco y quienes escojan el mismo número serán compañeros de pupitre. En caso de no haber coincidencias se repetirá. ¿Listos?
"Piensa el seis"
Parpadeé, perpleja.
-Bien, ¿qué número habéis pensado? Yo, el tres.- Víctor sonrió triunfal.- ¿Alguien más aparte de mí?
Dianne rió tontamente y levantó su escuálido bracito tímidamente. De alguna forma parecía que ya sabían que iban a estar juntos. Eso me hizo recordar la voz de mi cabeza. "Piensa el seis." Ahora quedaría como una estúpida porque era incapaz de hacer trampas. Iba a decir el seis. Suspiré.
-Samayra, ¿tu número?
Samayra sonrió. Parecía un lobo, y el parecido me dio escalofríos.
-El dos.- se giró al Chico Aún Sin Nombre, con una sonrisa aún más lobuna.
-¿Alguien más?- Víctor se rascó la cabeza, pensativamente, como si alguien le hubiera dicho algo.
Nadie levantó la mano.
Por primera vez, Samayra parecía confusa, y aquello me hizo emitir una pequeña sonrisa.
-¿Cath...?
-El seis.- Samayra rió a carcajadas en cuanto oyó la estupidez que había dicho, y lo entendí. Parecía imbécil.  
A la mierda con las voces de mi cabeza.
-Eh... bueno... ¿alguna coincidencia?
Chico Sin Nombre levantó la mano.
-Yo también he pensado el seis.

                                                 *                         *                        *

-Espera, espera, ¿qué?- Samayra tenía los ojos desorbitados del horror.
-Parece que te quedas sola, Sam.
Sonreí ampliamente.
-Lo siento, "Sam".
Me miró con sus ojos hinchados de rabia y masculló algo ininteligible, pero me sentó bien bajarle los humos a aquella idiota sin escrúpulos.
El chico y yo nos sentamos en un pupitre al azar, e incómodamente le pregunté su nombre.
Sonrió con superioridad.
-¿Y si pruebas a ganártelo?
 Me estaba empezando a hartar de tanto idiota suelto, así que le contesté airadamente:
-¿Y si pruebas a dejar de hacerte el superior y confías en alguien de una puñetera vez, porque con tu diatriba de "soy superior" no convences a nadie?
No contestó.
-Imbécil...- mascullé entre dientes.
El profesor entró.
-¿Listos para una divertida clase de Astrología?